La Soledad

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La Soledad

Era de noche, no muy tarde. Podían ser las 9 de la noche, a más tardar. Eso, en mayo, es como si fueran las 7 en cualquier ciudad del trópico. El clima estaba mejor que nunca. Había brisa. Mucha brisa. Tal vez el viento lograba reemplazar el aire acondicionado que se necesita de manera indispensable en una ciudad como esta.

Hacía mucho no salía sola a ver el mar en la noche, pero, extrañamente, por primera vez en muchos días, no me sentía en soledad. ¿Quién se siente solo cuando le salta un delfín al frente como si quisiera hablar? Hola, le dije.

La conversación no salió como lo esperaba. Pensé que la respuesta a mi sensación de soledad iba a ser buscar compañía. Salir más. Ocuparme. Ir al barcito de la esquina donde el de la barra conversa con quien quiera que se siente al lado. Lejos está uno de imaginarse que, para no vivir en soledad, necesita momentos a solas. ¿Cómo es eso?

En el idioma de los países norteamericanos hay dos palabras que suenan muy diferentes: solitude, que significa estar a solas. Uno lo elige, lo desea, lo necesita y hace falta. Y está loneliness, que significa sentirse solo. No lo elegimos y nos duele un montón. En español tenemos una sola: soledad. La misma palabra para lo que nos sirve y para lo que nos hace daño. 

Por eso es que uno puede tomarse un café con un grupo de diez personas y sentirse solo, y uno puede tomarse un café solo y sentirse en compañía. Uno puede estar casado y sentirse en soledad, y uno puede estar soltero y sentirse acompañado. La soledad no tiene tanto que ver con quién estés, sino con la relación que tienes contigo. Porque esa, después, será un reflejo con el mundo.

Dicen los expertos que, cuando uno se siente lonely, el cerebro lo procesa igual al hambre o la sed. ¿Qué quiere decir eso? Que no es solamente una emoción, sino una necesidad biológica. Por eso las personas mueren de pena. Por eso los lobos solitarios viven defendiéndose y amargados. Por eso vivir en compañía no es una moda, es un instinto animal.

Por otro lado, solitude, o estar a solas, es otro cuento. Me atrevo a decir que es una necesidad pero para vivir en sintonía con uno mismo. Es indispensable para crear, para pensar, para entenderse. ¿Cómo conocerse si no hay momentos con uno mismo? Eso es pretender conocer a una pareja sin nunca salir con ella. Entonces, ¿por qué solemos huir de nuestra propia soledad?

Nos toca reconstruir el concepto, porque estar a solas nos regala el poder de escuchar nuestra propia voz sin el ruido de todos los demás. Nos ayuda a distinguir qué queremos realmente y qué estamos haciendo por inercia. Qué sentimos y a qué estamos reaccionando. Estar a solas es una manera de decirnos: “No necesito huir de mí”. Es una manera de autosostenernos.

La próxima vez que salga sola a ver el mar, me invitaré a mí misma.

1 comentarios

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Beatriz Elena
May, 13. 2026

Tati me encantan tus cafecitos , un abrazo

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