El Contacto Visual

El Contacto Visual

El Contacto Visual

“En este momento, estoy aquí contigo”, me decían sus ojos mientras yo sostenía un té verde con limón en mi mano izquierda; él se tomaba un tinto muy colombiano con la derecha y conversábamos, mirándonos a los ojos, sobre el podcast que nos había hecho dormir una hora más tarde de lo habitual. Me hacía sentir bien eso de mirarnos a los ojos mientras hablábamos, sentía su presencia, su interés en la conversación, en mí, en nosotros. Cada vez que desviaba la mirada hacia su celular mientras yo compartía una de mis locas ideas, automáticamente sentía cómo mi voz se frenaba, sin querer, por impulso. Era como si me susurraran: “En este momento, dejé de estar contigo”.

El podcast hablaba sobre cómo el ser humano, si nos vamos a nuestro lado más primitivo, se conecta, en un principio, haciendo contacto visual. Con el objetivo de llamar su atención, la mujer comienza sosteniéndole la mirada al hombre unos segundos de más. El hombre lo hace de vuelta, confirmándole en microsegundos que él tiene la capacidad de darle seguridad. Ella, luego, aparta su mirada, generando un espacio para el próximo paso. Después de mirarse, sin darse cuenta, cuando se acercan, se huelen. Y es así como la mirada y el olfato, antes que cualquier palabra, son los responsables de convertir a un completo extraño en un deseo que el cerebro quiere saciar a como dé lugar.

Parece ser que hay miradas que quedan tatuadas en la frente y que penetran el alma sin un solo beso, ni un “te amo”, ni un “te veo después”. Parece ser que el contacto visual tiene la capacidad de cambiar toda una vida. Lástima que muchas parejas cambien los ojos por las pantallas, obligadas a vivir siempre a distancia aunque duerman en la misma cama.

Nos comunicamos no solo al hablarnos, sino también al tocarnos, al olernos, al leernos, al mirarnos. Nos comunicamos con los ojos cuando nos atrevemos a mirar de frente al otro, cuando nos miramos a nosotros. Pero ¿qué pasa? ¿Por qué es más fácil sostener una conversación durante una hora que sostener la mirada durante unos minutos? ¿Qué pasa, que nos cuesta hacer contacto con nosotros mismos frente al espejo?

Se siente incómodo, se siente vulnerable. Además, no todo el mundo tiene la valentía de querer cambiar toda una vida con tan solo parar y mirar. Acá no hay dónde esconderse; es difícil ocultar lo que un par de espejos reflejan del alma. Las miradas expresan todo cuando es imposible ponerlo en palabras.

¿A quién te cuesta mirar a los ojos? ¿A quién le bajas la mirada? ¿Qué estás evitando en realidad? Cuando se mira pupila a pupila, parece ser que nadie se dice mentiras.

El contacto visual puede representar muchas cosas diferentes para las diversas culturas que existen. Se puede interpretar como interés, indiscreción, intimidación, respeto, confianza, sinceridad, desafío, deseo y más. Pero hay lenguajes que sobrepasan los idiomas y las costumbres. Puedo saludar ciao o hello, con la mano o con dos besos, pero, si dos ojos se miran, además de cualquier significado cultural, siempre se dirían: “En este momento, estoy aquí contigo”.

Mirarse a los ojos regala presencia y, en presencia, es más fácil encontrar la verdad que cada uno tiene en su interior.

1 comentarios

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Ana Isabel Vasquez Rey
August, 12. 2026

Mil gracias, muy oportuno tu cafecito

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