La IA
Dicen que cuando uno se va a los extremos, el cuerpo extraña la otra punta. Tal vez por eso quien reprime sus emociones llora el río Amazonas cuando el mundo le da la espalda. Por eso también habrá personas que cambian el café por la aromática, los besos empalagosos por salir a bailar solos o mucha soledad por compañías mediocres. Señor, por favor, cámbieme mucho de esto por un poco de esto otro, dirá el que vive en un extremo.
¿Pasará lo mismo con la inteligencia artificial? ¿Tanta conexión, información e inmediatez nos hará sentir desconectados y un poquito más brutos? ¿Será ensuciarnos con pantano, mirarnos a los ojos, una canción escrita con puño y letra, una obra de arte cuyas pinturas hayan ensuciado al artista y conversaciones donde uno pueda sentir el aliento del otro lo que más anhelaremos? Un exceso de tecnología es la tierra perfecta para sembrar un deseo que nacerá desde nuestras entrañas, suplicando por una dosis de experiencias prácticas. El trabajo mecánico y automático pasará a un segundo plano. ¿Es esto lo peor que le podrá pasar a la humanidad o un avance más cuya rapidez en su acogida no nos ha dejado ni cuestionar?
Hay herramientas que han partido nuestra historia en dos. La electricidad. El teléfono. Los automóviles. Los aviones. El internet. El smartphone. Las redes sociales. Tómalo o déjalo, estas entraron a transformar cómo nos relacionamos, nos movemos, actuamos y vivimos. Pero si vemos la IA como una herramienta más y nosotros somos quienes decidimos cómo usar las que tenemos a nuestra disposición, ¿qué decisión vamos a tomar? ¿Seremos los caballos ciegos que usan Instagram para compararse o los artistas que la han usado para crearse? ¿Los que usan el smartphone para conectarse o los que lo usan para cuadrar una conexión? Todo es relativo, nada es absoluto. Lo que tal vez nos da miedo es que estamos tan acostumbrados a una humanidad que hace mal uso de sus recursos y tiene tan tergiversados sus valores y prioridades, que apuesto millones de caballos ciegos usarán la IA para entorpecer su creatividad más que para liberar su tiempo.
Si nos hemos dado cuenta de que el recurso más valioso, irremplazable y más escaso que la humanidad tiene es el tiempo, ¿cómo podríamos hacer uso de la IA para que nos dé más tiempo para eso que amamos y delegar aquello automatizado en un computador cuyo beneficio es más operativo que estratégico? Yo sí quisiera que una aplicación de color naranja me ayudara a a cuadrar el menú saludable de mi casa, alinearlo con mi ciclo menstrual, darme las variaciones para el paladar complicado de mi esposo y tener mas tiempo para cocinar la receta de la foto. Eso no quiere decir que no me abrume el mundo homogéneo que se está viralizando, en el arte, en las frases y discursos. Que las comas hayan sido reemplazadas por - guiones - en textos escritos por ChatGPT por personas que ni siquiera saben cómo usarlos. Solo digo, que las decisiones siempre serán nuestras. Ningún ser humano ni ninguna herramienta decidirá mejor que uno. No seamos caballos ciego con la inteligencia artificial.
Que nos regale tiempo y ese los usemos para exprimir la vida.





