El Hacer
¿Qué es dejar de hacer?
Era la pregunta que me hacía hace algunos años mientras me tomaba un cafecito y leía una frase, en una revista de un club, que decía: “el arte de no hacer ni mierda”. Y sí, de acuerdo, es todo un arte esto de no hacer nada en una sociedad que premia el estar siempre haciendo. Pero cada vez siento más que eso de “no hacer” también se volvió pura frase de cajón.
Porque, si lo pensamos bien, siempre estamos haciendo algo. Descansar es hacer. Oírnos es hacer. Confiar es hacer. Practicar algún deporte es hacer. Cocinar es hacer. Salir a caminar es hacer. Quedarnos en silencio también. Tal vez lo que nos está faltando no es dejar de hacer, sino empezar a hacer, en paz, aquellas cosas que nos ayudan a sostener la vida que soñamos.
Pero claro, como nos hemos acostumbrado a medir lo que hacemos por lo que produce, esto nos cuesta muchísimo. Si genera dinero, sirve. Si nos acerca a una meta, sirve. Pero ¿qué pasa con todas esas cosas que aparentemente no nos acercan a ningún objetivo y, sin embargo, silenciosamente hacen más por nuestro bienestar que cualquier cantidad de dinero que tengamos en el banco?
Por eso, si estar con tu hijo te hace sentir completo, hazlo. Si descansar te da el impulso para recargarte de energía y seguir luchando por tus sueños, hazlo. Si trabajar de noche te permite dejar volar más la imaginación, hazlo. Si hacer ejercicio dos horas te cambia el humor, hazlo. Si sueñas con cambiar de trabajo, empieza a hacer algo para lograrlo. Si quieres aprender algo nuevo, hazlo.
Porque quizá el problema nunca ha sido hacer demasiado. Tal vez el problema es hacer demasiadas cosas que no queremos hacer y dejar para después aquellas que sí nos hacen bien. Llenamos nuestra agenda para los demás y luego buscamos desesperadamente un espacio para “no hacer nada”, como si el descanso pudiera compensar una vida que no estamos disfrutando. Y le echamos la culpa a la falta de tiempo cuando, en realidad, lo que nos falta es priorizar.
La pregunta, entonces, no es: ¿qué estamos haciendo? La pregunta es: ¿desde dónde lo estamos haciendo? Porque quedarnos congelados en el arte de no hacer ni mierda también nos puede dejar viviendo una vida de mierda.
Quizás necesitamos aprender el arte de elegir mejor qué hacemos con nuestro tiempo, valorando no solo lo que nos ayuda a cumplir sueños externos, sino también lo que potencia lo de adentro.
Al final, no se trata de hacer más ni de hacer menos.
Se trata de que lo que hagamos tenga cada vez más que ver con lo que sueña nuestra verdad.





