La Sinceridad
Dicen que, cuando un artista se expresa, desnuda su alma. Esto de escribir, sin duda, me ha ido quitando prendas. Ha sido un camino en el que he aprendido y desaprendido. Incluso me he encontrado con muchas dualidades, tan pequeñas como inmensas. Como aquella donde escribo Pa’l Cafecito y, hoy en día, no me tomo ni un solo cafecito. Cuando escribo, trato de ser sincera, porque las palabras impresas son irreversibles, parecen indelebles, y no quisiera se volvieran una condena cuando me lea y, sin querer, evidencie mentiras.
La sinceridad, en sí, también es una dualidad. Tan liberadora como incómoda. Tan necesaria como secreta. ¿Qué es la sinceridad, si no un montón de secretos revelados ante un mundo muchas veces poco dispuesto a evidenciarlos?
En hebreo, sinceridad se pronuncia Emet y se escribe אמת. La primera de estas letras, leída de derecha a izquierda, es alef, simbólicamente es el comienzo, es la primera letra del abecedario. Me atrevería a decir que lo primero que debemos hacer es ver. La segunda, mem, es justo el medio del abecedario. Podríamos decir que en el medio debemos entender. Y la tercera, tav, es justamente la última letra del abecedario. Al final tenemos la capacidad de elegir. Primero vemos nuestra verdad, después la entendemos y, al final, elegimos lo que queremos hacer con esta. En este lenguaje ancestral parece encontrarse la fórmula secreta de la sinceridad, pues, entre líneas, nos revela el proceso.
Ver nuestra verdad suena fácil, pero, cuando estamos acostumbrados a tapar nuestros sentimientos porque nos hacen sentir incómodos o porque son invalidados constantemente, no es que no queramos ser sinceros: es que no tenemos ni idea de cuál es nuestra verdad interna. Sentimos rabia, pero creemos que todo es culpa del otro. Sentimos desconexión y la tapamos con vida social. Sentimos ansiedad y creemos que es cafeína. Nos cuesta mirar lo que sentimos de frente, verlo a los ojos y llamarlo por su nombre.
Una vez vemos, estamos listos para entender. ¿En realidad es culpa del otro? ¿La rabia que siento nace solo de sus errores o también es mi reflejo? Si me siento desconectada de mi trabajo, ¿qué me conecta? Si amo desde el miedo, ¿cómo se ama desde la verdad? Entender empieza por cuestionarnos. Por hacernos preguntas que nos saquen del piloto automático, que nos incomoden, como la sinceridad.
Por último, si conocemos nuestra verdad y la entendemos, podemos dar el paso de elegir qué queremos hacer con ella. Es nuestra decisión determinar si sentimos necesario tomarnos un café sincero con alguien más. Porque tal vez hacerlo nos haga sentir más libres, livianos y tranquilos. Porque estamos constantemente en búsqueda de estas tres palabras que parecen sinónimos de la felicidad.
Tal vez, cuando la otra parte oiga nuestras palabras sinceras, no reaccionará como esperamos, porque, al hacerlo, activamos este mismo proceso en ella. Tendrá que ver nuestra verdad, entenderla y elegir qué hacer con ella. Emet.
Si la sinceridad es expresar lo que sentimos y vivimos en un mundo donde hacer se siente poderoso y sentir se siente frágil, tal vez por eso es tan normal encontrarnos con mentiras en el camino.
Sé entonces sinceramente anormal para vivir normalmente tranquilo.





