La Culpa

La Culpa

Semana ocho del Cafecito

La culpa sabe a café quemado y dicen que nace el día en que uno tiene hijos. Se intensifica, tal vez. Pues también es padecida por lobas libres. Está la culpa por no haber hecho algo en el pasado, y está la culpa por elegir qué hacer, o dejar de hacer, en el presente. Esta última pesa más que el cemento, porque las opciones todavía están latentes. Cuando tomas una, quisieras haber tomado la otra. Y si la cambias, pasa lo mismo. Pareces una rana, saltando entre decisiones. Por el contrario, en el otro tipo de culpa, ya lo que fue, fue. Y es insensato llorar sobre cafés derramados.

Por eso, cuando me monto en un avión por nueve horas, me siento, además de rana, incompleta. Reviso tres veces mi bolso para ver si traigo conmigo el pasaporte, hasta darme cuenta que lo que me falta es un pedazo de vida. Dejé en el cajón de la abuela todas las responsabilidades que me han correspondido como madre: ¿Comió? ¿Durmió? ¿Está feliz? ¿Cómo fue su rutina? Con el corazón dividido despega el avión, queriendo que fuera el siglo 3.000 a ver si ya existe un clon que me pueda reemplazar por si en las noches se despierta llorando. La culpa me domina. Lo extraño es que hace tres horas estaba con él y me sentía tan agotada que no veía la hora de cruzar el Atlántico. ¿No es un poco irónico? ¿Será falta de presencia? ¿De honestidad? ¿De ambas?

Miro por la ventana y me demoro lo mismo que se demora la tripulación para “ajustar cabina” que yo para comprender cuanto necesitaba volver a sentirme liviana. Y eso que, al dejar la responsabilidad en el cajón, había encontrado y escabullido en la maleta mis pensamientos, mi vanidad, mi ocio, mis sueños y el lujo de hacer siestas. Pero, parece que esto no pesa más de los 21 kilos permitidos en el avión.

Me pregunto: ¿por qué pensamos que un sentimiento excluye al otro? ¿Por qué creemos que sentir placer por la ligereza de un momento sin hijos excluye todo lo que hacemos hacia ellos? ¿Que trabajar excluye poder invertir tiempo de calidad en familia? ¿Que pensar en uno excluye pensar en otros? Pasamos de queja en queja y de culpa en culpa.

Mientras aterrizamos comprendo que las millennials no nos queremos dejar dominar por un hombre, pero sin darnos cuenta nos hemos dejado dominar por la exigencia, la culpa y un deber ser de fantasía recreado en redes. Exigiéndonos no solo ser diez mujeres en una, sino a la vez. Trabajar para cumplir lo que uno se promete, ser una diosa en la cama, Martha Stewart en la casa, con cuerpo de reina y mamá que hace postre hecho en casa. Nos exigimos tanto que nunca sentimos que damos la talla. Porque cuando uno de esos roles o eslabones falla, se lo otorgamos por completo a nuestra identidad. “No soy suficientemente buena”, decimos. Como si fallar en un rol fuera fallar en la vida. 

La vida es de momentos, y la honestidad radica en aceptar no solo lo que queremos, sino lo que necesitamos en ese instante. El éxito está en comprender qué necesita más de ti hoy: el trabajo, los hijos, tu relación, tú misma. Y no, no se puede todo a la vez. Toca distribuirse, elegir, poner más peso en unas cosas que en otras. Ese peso cambia, y eso lo eliges tú. No te exijas quererlo todo al mismo tiempo. Tu cuerpo no lo va a poder sostener.

Elige recordando que estar en plena presencia es la manera más valiosa de callar la culpa. Cuando te gozas tu decisión, cuando lo haces bien y con el alma puesta ahí, entiendes que no estás perdiendo la otra opción. Aprendes a cambiar de roles sin dejar de ser tú misma.

Solo puedes hacer un rol a la vez. Toca empezar por aceptar eso.

Si no conoces el libro del Cafecito, míralo aquí.

2 comentarios

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Ricardo Rojas
March, 11. 2026

En mi familia fuimos 6 hermanos, y mamá cuando comenzamos a salir del ( nido ) ,o a desgranarse la mazorca, es decir dejar el hotel mamá, dijo algo que ahora como papás entendimos LOS HIJOS son prestados, y tenemos que comenzar a vivir con la idea que algún día van a salir hacer su vida, por eso esas separaciones temporales son de gran ayuda para que el día que llegara nos tome casi preparados,
Lo más bello de la vida es que cuando uno se separa temporalmente de ellos, llena el vacío de otros como son estar en compañía de abuelos, tíos o alguien que de verdad los quiere y protege, así es la vida y hay que aceptarlo

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Adriana maria Galviz vargas
March, 11. 2026

Muchas Gracias 🪽🤍

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